En los últimos años, Colo-Colo se había consolidado como una verdadera fábrica de delanteros, generando importantes ingresos gracias a la venta de jóvenes talentos. Sin embargo, el presente de la cantera ofensiva alba muestra una preocupante baja en su valorización dentro del mercado.

Hace no mucho, nombres como Damián Pizarro y Jordhy Thompson marcaron una época en Macul. El primero fue transferido al Udinese por cerca de 3,8 millones de dólares, mientras que el segundo partió al FC Orenburg por alrededor de 1,2 millones, cifras que reflejaban el alto potencial de los atacantes formados en casa.

No obstante, la realidad actual es distinta. Nuevos valores como Leandro Hernández y Francisco Marchant aún no logran replicar ese impacto, ni en lo deportivo ni en lo económico. Según datos de mercado, Hernández está tasado en cerca de 350 mil dólares, mientras que Marchant alcanza los 700 mil, montos considerablemente menores en comparación a sus antecesores.

Uno de los factores que explican esta baja es la falta de continuidad en el primer equipo. Ninguno de estos jóvenes ha logrado consolidarse como titular indiscutido, lo que limita su exposición y frena su crecimiento en el mercado internacional.

A esto se suma el caso de Yastin Cuevas, quien aún no cuenta con una tasación oficial, reflejando que su proceso recién comienza en el profesionalismo y que todavía está lejos de posicionarse como una figura exportable.

Pese a este escenario, en el Cacique mantienen la esperanza de revertir la situación. La aparición de nuevos talentos y su posible consolidación en el primer equipo podrían devolverle a Colo Colo ese sello de cantera exportadora que tanto rédito le dio en temporadas recientes.